¡Señores, he cambiado de opinión! Hace unos días escribía unas líneas en que me postulaba como ministro de industria. ¡Ahora ya no quiero ser ministro! ¡Ahora quiero ser presidente del gobierno!
He llegado a la conclusión que su principal función, es sacarse los problemas de encima, y pedir a otros que le saquen las castañas del fuego. Dígase, pedir a las empresas que mantengan a sus trabajadores, aunque sea a costa de su supervivencia, o decirles a los bancos que ganan demasiado dinero. Seguro que todos estaremos de acuerdo en que mejor iría el país si estos mismos bancos perdieran muchísimo.
Por todo ello, si ser presidente del gobierno consiste en pasar el muerto a otro. Seguro que yo encuentro algún culpable más para echarle las culpas. Y si no, siempre podré repetir la medida de dar dinero a los ayuntamientos, para que algunos pongan hierba artificial en el campo de fútbol.
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